

En la educación de los niños pequeños no solo es importante aprender letras, números o colores. También es fundamental aprender a convivir con los demás, respetar y desarrollar un buen carácter. Para lograrlo, la familia y la escuela trabajan juntas enseñando algo esencial: valores y virtudes.
Aunque muchas veces se utilizan como sinónimos, valor y virtud no significan exactamente lo mismo. Comprender esta diferencia ayuda a educar mejor a los niños y a acompañarlos en su crecimiento personal.
¿Qué son los valores?
Los valores son ideas que nos ayudan a distinguir qué está bien y qué está mal. Funcionan como una guía que orienta nuestro comportamiento y nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Por ejemplo, el valor del respeto enseña a escuchar cuando otra persona habla, a no interrumpir y a tratar a los demás con amabilidad. El valor de la amistad ayuda a compartir, jugar de manera justa y ser buenos compañeros. La responsabilidad enseña a cuidar las propias cosas y cumplir con aquello que se pide.
¿Qué son las virtudes?
Conocer los valores es importante, pero no suficiente. También es necesario vivirlos y practicarlos cada día. Aquí es donde aparecen las virtudes.
Las virtudes son las acciones buenas que repetimos una y otra vez hasta que se convierten en parte de nosotros. Cuando practicamos los valores diariamente, estos se convierten en virtudes.
¿Cuál es la diferencia entre valores y virtudes?
La principal diferencia entre valores y virtudes es que los valores indican lo que es correcto, mientras que las virtudes son la práctica constante de esos valores.
Algunos ejemplos ayudan a entenderlo mejor:
- La honestidad es un valor, pero decir siempre la verdad es una virtud.
- El respeto es un valor, pero saludar, escuchar y tratar bien a los demás todos los días es una virtud.
- La responsabilidad es un valor, pero cuidar los juguetes, ordenar las cosas y cumplir con las tareas es una virtud.
- La generosidad es un valor, pero compartir lo que tenemos con otros es una virtud.

El papel de la familia en la educación del carácter
Los primeros formadores de valores y virtudes son los padres de familia. En casa, los niños aprenden sus primeras formas de comportarse, hablar, observar y relacionarse con los demás.
Los padres educan principalmente con el ejemplo: con su manera de resolver problemas, convivir y tratar a otras personas. Los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que se les dice, por eso el ambiente familiar es fundamental en la formación del carácter.
Cuando en casa se viven el respeto, la responsabilidad o la generosidad, los niños aprenden a incorporar esas actitudes en su vida cotidiana.
La importancia de la escuela en la formación de valores
Después de la familia, la escuela coopera en este proceso educativo. Los maestros ayudan a reforzar los valores y a practicar las virtudes mediante actividades, normas de convivencia y el trato diario entre compañeros.
En Campogrande, desde Preschool se busca formar niños felices, responsables y respetuosos. El colegio reconoce que la familia es la primera escuela y que la educación en valores comienza en el hogar, donde los padres tienen un papel principal. Por eso, la escuela trabaja en conjunto con las familias para fortalecer esta formación integral.
Cómo los valores y las virtudes ayudan a formar el carácter
Cuando los niños crecen en un ambiente donde se viven los valores y virtudes, van formando su carácter. Poco a poco aprenden a ser más amables, responsables, respetuosos y solidarios.
Esta formación les ayuda a convivir mejor con los demás y a desarrollar habilidades importantes para su vida personal y social.
Educar en valores y virtudes no solo mejora la convivencia diaria, sino que también ayuda a construir personas capaces de hacer el bien y aportar positivamente a su entorno.
Los valores enseñan qué es lo correcto y las virtudes ayudan a convertir esas ideas en acciones concretas del día a día. Todo comienza en casa, donde los padres son los primeros maestros de sus hijos, y continúa en la escuela, que acompaña y refuerza esa formación.
Cuando familia y escuela trabajan juntas, los niños crecen con bases sólidas para su vida y desarrollan un carácter que les permitirá convivir con respeto, responsabilidad y empatía.
Educar en valores y virtudes desde la infancia también ayuda a los niños a desarrollar seguridad, autocontrol y capacidad para tomar buenas decisiones. Estas enseñanzas no solo influyen en su etapa escolar, sino que los acompañarán durante toda su vida personal, familiar y profesional.
En un mundo donde los niños reciben constantemente estímulos e influencias externas, resulta más importante que nunca ofrecerles referentes claros y coherentes. La constancia en pequeños gestos cotidianos —como escuchar, agradecer, compartir o pedir perdón— es la que realmente permite construir hábitos positivos y fortalecer el carácter día a día.
López de Llergo, A. T. (2009). Educación en valores, educación en virtudes.
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13 de mayo del 2026